27.10.11

Ocaso

El espacio se cerraba sobre el cielo más opaco, ciñéndose el éter a las tinieblas. Entes extraviados deambulaban en una continua marcha mortecina hacia precipicios invisibles. Concibiose la noche como esperpento de agonía incesante. Cuando no había montañas ni mares sino sólo un vapor blanquecino que todo cubría y las siluetas ocultaba, siendo inútil la escapatoria. El rumor de un hombre reinaba sobre el silencio. "Bene utere, fugit hora".


Colose por el ventanal dejando pasar la niebla ante el. La alcoba quedó prendida por completo de la bruma espectral, haciendo imposible reconocer forma alguna más allá de la nariz de uno. Cuando la joven que dormía perdió el sueño a causa del frío, abrió los ojos y encontrose este panorama fantasmal. Encorvada la cosa sobre el cuerpo acostado, apresurose a asirla del pescuezo, antes de que pudiese juzgar si aquello donde se encontraba era cielo o infierno. Retorciose la niña en vano en un intento de librarse de las garras que la apresaban. El rumor del hombre sobre el silencio dio paso al más desgarrador grito. "Fugit hora, fugit hora".


Portó el peso la cosa vadeando los pasadizos a paso accidentado. Arribaron a la catacumba en lo oculto y tendiola en un lecho pútrido de mochuelos muertos. Abrió los ojos al fin. Encontrose entonces con el más grande delirio, que permanecía impasible ante ella fijando sus dos grandes ojos sin párpados. La miraba sin ver. Confundíase lo que fuere su cráneo con el espacio negro de la galería. Buscó la joven el límite de la estancia, alargó los brazos hacia cada uno de los lados y encontró nada. Sin paredes ni techumbre, restaba en una sentencia, pues yacía sobre el mismo elemento que la envolvía.


Cuando la única percepción posible era la de un abismo letal, y el impulso que movía a la bestia era la codicia de consumación. Los ojos sin párpados imperantes sobre las colinas observaban desde una dimensión ilusoria cómo caía la arena del reloj finito. Cuando el único concepto era la ausencia del mismo y la tierra seca no reflejaba el brillo marchito de las estrellas. Cuando el mundo era el hogar de una estirpe no separada de la muerte al nacer,




y la noche era un barco que había echado el ancla.


24.10.11

Jaque mate

Conforme pasan los días, las formas definen sus límites originales. Todo vuelve a estar en orden en tu cabeza. Apenas queda dolor ya, ni pena alguna. Al fin puedo ver con más o menos claridad. Es el decir, no habrá más ojos empañados por estos lares. Es el saber que todo lo que sentía por ti permanece en un estado ingrávido, en alguna parte entre el cero y el cero con uno, el estar segura de que así se va a quedar. Arrepentirse es bien inútil, pero entiende que no compensa. Que por muchos buenos tiempos que hayamos pasado, el fin justifica los medios, y no, no me vale la pena. Qué importa el contenido si el desenlace no va al compás. Un buen final implica unos buenos medios, y el nuestro no fue del caso. Fue un final decisivo, como si un vaso de agua cae de pronto, sin fuerza aparente que lo mueva, sobre una hoja de papel donde teníamos todo escrito. Sólo bastaron segundos para que el agua lo borrara todo. Y el agua levemente teñida resbaló por el borde de la mesa hasta alcanzar el suelo. ¿Cuánto pasa hasta que se evapora este agua, y se pierde su pista por completo? Quién sabe. Depende de tantas cosas. Hay veces que marchará antes, otras tardará más. Y quizás, y sólo quizás, para que desaparezca alguien tendrá que resbalarse en el charco. Pues bien, el agua que tú dejaste caer sobre mí me inundó entera, no lentamente sino de una vez, sin apenas dejarme coger un aliento antes de que me sumergiera hasta el fondo. Sin embargo al lograr salir a la superficie, cada lágrima se quedó camuflada para siempre en aquel pequeño mar. Me las quitaste todas, hazte un collar si quieres. 
Te he de decir ahora, no queda rastro de líquido alguno que perturbe ya ni mi psique ni mi cuerpo. 


Quería un jaque mate, un final digno, pero no esto. Ahora entiendo el abúlico gesto que te hacía huír de mí los últimos días cual rata escurridiza. Me pido perdón a mí misma por confiar, por esperar que entre los dos se discutirían los problemas si hubieran surgido, que se expondrían con calma y claridad en el sentido más despejado. Comunicación y esas cosas, vaya. Me pido pues, perdón a mi misma. Porque no sé quién o qué cosa estaba tras mis ojos mirándote, no era yo. 
Todas las preguntas que me formulé, muestras de que nunca te he llegado a conocer. Sólo veía tu parte más externa, tenues pinceladas. Pero tú en tu ser absoluto, permaneciste oculto todo este tiempo bajo un disfraz que se me antoja ahora tan burlesco como lo que realmente eres. 
Nunca fuiste mío, pero yo fui tuya en todo momento. Te pensaba la mitad del tiempo y te sufría el resto. No hace mucho escribí sobre ti: "Soy una montaña rusa que ha descarrilado y ya no sigue el recorrido. Contigo era eso:  a veces mejor, otras peor. Tu carácter dejaba mucho que desear. Eras raro, distante, pero cariñoso y romántico, y poco detallista, y normalmente no te dabas cuenta de las cosas, pero yo sabía que era tu forma de ser y no me preocupaba pues no lo hacías a propósito. Un día te lo dije, que no había un sólo tú, sino muchos. Cada día uno. Eras un sí y un no, casi nada y casi todo, nunca siempre y nada seguro. Y pasa lo que pasa, que todo cambia porque todo se mueve, y que a más ilusiones mayor es la caída." 


Te quise en todas tus contradicciones. Esquivando cada uno de tus fallos, te quise. No fuiste ni de lejos el mejor, tampoco hacía falta, porque el amor aparte de ciego es sordo, mudo y tetrapléjico. Dijimos amarnos, me autoconvencí de que así era, pero ahora sé, no estábamos sino sintiendo la idea que se tiene del amor. El concepto generalizado que nos graban en el cerebro como se marcan a las vacas. No es amor querer a una persona. No es amor desear estar con él en cualquier momento, chasquear los dedos y que aparezca abrazándote por la cintura. No son amor el sexo y el deseo. No es amor ir cogidos de la mano por la calle. No son amor las palabras bonitas ni las caricias en la cara. No es amor el beso en el cuello, ni en la frente. No es amor girar entorno a la vida del otro. No es amor basar tu felicidad en la suya. Repito que no es amor querer a una persona. No es amor nada de eso, no te engañes. Y te aseguro, que me gustaría venir y decirte la verdad, lo que en el fondo esconde esta palabra. Pero no lo sé. Todavía. Y llámame romántica, novelera, llámame lo que te salga, pero lo único que tengo claro sobre el amor es que su final reside en la propia tumba. Sino acaba ahí, no es amar sino que es querer. 


Lo nuestro fue un querer, que ocupó todo un verano.


Fue mas bien un obstáculo. Así lo creo pero, los obstáculos, se acaban por saltar y se dejan atrás. Y mira, la carrera continúa. Igual que dejamos atrás las palabras brujas, y las palabras todas. Ni aquellos "te quiero, te adoro, te amo muchísimo", ni siquiera el "me gustaría parar el mundo y quedarme aquí contigo para siempre", nada de eso o los susurros más bellos que me dedicaras podrían pagar tu silencio de hoy. Una vez quise que me explicaras cómo ocurrió esto de pasar del más preciado verbo al mutismo limpio, pero no hay que tener gran talento para reconocer que la palabrería se mueve por el terreno, y el pico está a la orden del día. Igualmente me he debido de acostumbrar a la ausencia de tu voz, no tengo ni el mínimo anhelo de ella ni escucha que dedicarle.


Al igual que la palabra amor, he de decirte que el odio está sobrevalorado. Mira, nunca he odiado (ni amado), ya que a pesar de mi expectación hacia los extremos en esta vida, pienso que son repugnantes. Así pues, perdonar es la clave para avanzar, primero como individuo y luego como todo lo demás. Siempre, siempre lo he tenido claro. Perdonar, como dije, no es olvidar ni mucho menos, es mover ficha. 


Sólo quiero que sepas que no te conozco, no sé quien eres, en qué te has convertido o quién fingiste ser. Y que, si esto es a lo que llaman amor, 



no me interesa.


20.10.11

Cero

Recuerdo, el olor antes de la lluvia. El silencio, golpeado por los tambores. Un momento, y de vuelta a la profunda nada. Recuerdo, en mis oídos retumbar la ausencia de un todo. Mis ojos, hundidos en un mar de incertidumbre. La oscuridad, flotando en el aire, respirable roca podrida bajo la cual se esconde lo poco que queda de esencia. Los endiablados ecos de percusión, se hallaban cada vez más cerca. Sentía los pasos por la calle vacía. Cómo en mis retinas salpicábanse leves imágenes de lo que se avenía. Cuando pude tocarlo con la punta de los dedos, no lo hice, pues no era sino un ente mal concebido, sin forma ni ángulo mas que aquel que es infinito. Advertí el aliento mefítico, encontrándose con lo que quedaba de mí. Golpeando los restos de mis sentidos y cómo no pude soportar la percepción de aquella equimosis viva creada en garras del mismo engendro que juró ser puro, por el cual ví correr la savia de la vida antes de que la última sombra iniciase la danza sin fin. Y ahora ansiando mis entrañas el arcano horror, recuerdo, el olor antes de la lluvia consumido. El silencio y la oscuridad mas absolutos, lo último de mi esencia flotando en una perfecta vorágine, espiral insaciable, quimera perpetua. Recuerdo, la voz que dio fin al absoluto del más versado y del más ajeno. Cómo quedaría constante en la oquedad más profunda el eco huído entre el aullido y el trueno:



"La inmensa burla, eso fuisteis, y como tal yaceréis en el cosmos"

18.10.11

Hundido

Vi en los colmillos de aquel tigre de odio el reflejo del fuego latente,
fui a tocarlo y un gélido resplandor heló la dura cuerda por la que solía dejarte caminar
antes de que el azul ocultase los ojos áureos del monstruo en la noche.

No volverán a dejarse ver los vastos plumajes gualdo y carmín sobre nuestras cabezas,
los umbríos grajos colman los pétreos cielos
e inmundas alimañas son un tapiz pardo bajo nuestros pies.



Sientes el tacto crujiente cómo avanza en escuadrón hincando su veneno
en un esfuerzo colérico de enterrarte bajo el mundo que te vio nacer.

13.10.11

Supernova

Imaginarnos. El atardecer, tan efímero como aquello que nos unirá, caerá en la urbanización sobre los ladrillos rojizos y bajo la diagonal de luz pintada en la fachada nos sentaremos tú y yo. Los bloques de pisos rodeados de calles de tendidos eléctricos, el sonido de algún perro y del paso de la tarde, cubrirán el lienzo celestial en un degradado de prusia a bermellón. Pasarán las nubes y se llevarán el silencio con ellas. Imaginarnos. Olvidarás la ciudad, no tendremos nada más allá de la nebulosa en nuestros dedos entrelazados. Y conforme nos elevemos hacia el cielo suburbano, te encontraré, y dejaré de imaginarte. Podrás dejar de imaginarme. Seremos ya polvo, estrellas extintas. Te encontraré, donde nunca se haga de noche. Reiremos...


...y lo único que necesitaré para vivir será respirar de tu risa.

10.10.11

Eres humo

Que la noche caiga y sea en vela. Que te sientes aspires el momento lo guardes en tus pulmones y no lo sueltes. Contigo no se puede jugar eres muñeca de diamante irrompible pero con marcas en tu piel, rayas profundas que no llegarán a traspasarte. Tu pelo cae en ondas sobre tus hombros tus ojos rasgados se funden con la niebla que sube hasta tu balcón. Te sientas aspiras el momento que  lo guardes un segundo en tus pulmones y no lo sueltes, no. Ojalá pudieras quedarte así como siempre sola sin nada sola tú y tu mente qué más quieres o necesitas, nada es nada y todo se mueve, todo se mueve pero ahora no. Ahora todo flota sobre tu cabeza en un anhelo de lo que nunca fue y se mete por tu boca tu nariz lo aspiras lo suspiras lo aspiras no lo sueltas. Que todo fue y no fue nada y nada no existe y lo sabes lo sabemos no lo supiste. Te preguntas a sabiendas no encontrarás respuesta por muchos horizontes que busques aquel que te importaba lo dejaste atrás seguiste buscas la luz el sol pero no quieres permaneces en la sombra estás bien, sí, la oscuridad se siente se huele se ve te traspasa se te inyecta la oscuridad viaja la oscuridad eres tú. Ser en la sombra lo que te hicieron temer lo sientes lo sabes pero no sabes nada porque no piensas tu mente no está en blanco está en negro está flotando en un espacio vacío sin palabras ni sentido el sentido no existe nada existe ya en este lugar en esta esquina esta escalera estás fuera, arriba muy arriba casi tocas el techo si lo hubiera pero eres libre el espacio es infinito como el tiempo y lo que es infinito no existe es un signo una ilusión fantasía del romántico y tú no sabes de eso ya no, en qué te has convertido quién eres mírate, un ser sin palabra ni pensamiento inerte blando decaido...
...eres humo, sólo eso.

6.10.11

El primer amor

De todos los tipos de amor, el primero es el más especial. No porque sea más intenso ni más importante, no. Cuando amas por primera vez, es cuando lo das todo de ti. La persona lo recibe todo. Estás completo, y lo demuestras. Es por la inocencia de pensar que va a ser para siempre.
Pase lo que pase, una parte de ti se quedará con el primero al que amaste, y ninguno de los que vengan después podrá tener esa pieza que te falta. Esa pieza lleva la amistad, la confianza, el miedo a perderlo, el esfuerzo, el intentarlo todo, el error, un beso que nunca olvidarás, un momento bajo las estrellas que en la vida va a volver. Lleva consigo la juventud y la amargura y fastidio de todas tus esperanzas rotas en pedacitos, pisoteadas por aquella persona que siempre querrás, al fin y al cabo. Era la idea errónea que tenías del amor, de lo que podía llegar a pasar pero nunca pasó. La inocencia que te pasó factura, porque desde pequeños crecemos con la idea del príncipe y la princesa, ese empalagoso romanticismo de película. Creer que es posible. Un final feliz: y vivieron felices para siempre, siempre jamás, hasta el último de los días. ¿Pero quién advierte a la princesa de que hay letra pequeña? ¿De que el príncipe no cree en finales felices, sino sólo en finales? Quién le dirá que nada existe, que todo son ilusiones. Nadie, no se atreven a empañar los ojos de la dueña de un corazón tan frágil. Lo que no saben es que, el frío tiempo dejará su marca helada sobre los corazones, endureciéndolos, agrietándolos, pero nunca nunca jamás se romperán.
Lo único que te queda es esperar, que pase la vida y que traiga un momento en que recuerdes a aquel primer amor con una sonrisa, melancólica, sí, pero sonrisa de todas formas. Darte cuenta entonces de que sólo quedan esbozos, imágenes tardías y borrosas de lo que una vez fue todo. Un recuerdo más. Un simple recuerdo más.



Que príncipe es un término sobrevalorado. Hay muchos lobos debajo de la capa azul.

5.10.11

Malquerer

A menudo me he creído incapaz de odiar. Sin embargo creo que he odiado. Mi odio, o lo que sea, es pasajero, fugaz más o menos. No es que no odie, es que no odio como los demás. Me han jodido, me han jodido bien, y aun así puedo perdonar. A menudo dices, si me hacen esto o lo otro, sería incapaz de perdonarlo. Eso dices hasta que te pasa de verdad, y la visión cambia. Entonces no estás vacío, tienes cosas dentro, muchas, sentimientos, dicen. El caso es que no piensas igual que antes. Lo sientes en tu piel. Sientes como te traspasa, se te inyecta en las venas, se disuelve y te recorre el cuerpo arañándote la sangre. Y donde una vez te invadió lo que llaman odio, te invade esto otro. Se apodera de ti y todo lo que pensabas desaparece como si alguien hubiera apretado el botón de borrar, y sobreescribir. ¿Eres tú? Sí. ¿De verdad crees que odiar es malo? ¿Que perdonar es lo correcto? ¿O es que desde siempre te lo han hecho creer así? Que odiar sea lo fácil no significa que sea lo malo. Me apetece a veces dejarlo, olvidarlo, no intentar razonar y odiar sin más, con todas mis fuerzas. Insultar, fijar todo mi desprecio en el mismo objetivo. Pero para qué. Perdonar no es olvidar, ni comprender ni sentir compasión. Perdonar es el otro camino. Ni más ni menos correcto, quizás sí más largo. Depende. Es abrir el lugar donde guardabas todo el amor (porque sí, lo hubo), y ver si queda algo. Siempre lo habrá. Coger ese algo, entonces, entre tus manos, aspirarlo y dejar que te traspase, que te recorra la piel por dentro, dejarlo fluir. Forma parte de ti ahora. Eres tú, sí. Quién lo diría.
El problema es que el odio no es odio. El odio son heridas, venganza y destrucción. Por eso está mal visto. Si fuera sólo odio... pero no lo es. 
Mientras que perdonar es demasiado arriesgado. La línea del límite está ahí. Y no hay nada que te asegure que no la traspasarás. 

Bueno, ya qué más da: Te odio, sí, eres un retrasado, ojalá te arranquen los huevos de un bocado.