8.2.12

Escapan en silencio

En el fondo (quizás no tan en el fondo) sabía de qué iba todo eso. Sabía perfectamente lo que había querido decir con ese 'así son las cosas'. ¡Como para no saberlo! Todos estos años aguantando sus quejas, una tras otra, cargándolas a mi espalda con esa cara de resignación que trataba de disimular, pero al llegar a casa se hacía difícil no soltar algún resoplido y unas cuantas lágrimas. Eso sí, antes de que llegaran al suelo las recogía y me las cargaba a la espalda también. Y te puede parecer que no pero, ahí donde las ves, las lágrimas pesan. Incluso me atrevería a decir que es de lo que más pesa. Más que cualquier objeto y las casualidades, menos que  los sueños que se quedan detrás de la memoria, y que de repente salpican imágenes (meses, incluso años después de haberlos soñado) a tu cabeza, tan nítidas al momento y tan lejanas a los cinco minutos. Debe ser de lo más extraño y misterioso que hay, ¿no crees? Cómo permanece un vago recuerdo de calles que tus pies nunca han pisado (puedes estar seguro) y de una vida que no has vivido con los ojos abiertos. Había estado escondido en un lugar que es otro mundo u otra mente para de pronto sorprenderte, a ti, que creías haberlo olvidado, que te encuentras vete tú a saber dónde y con quién, e inevitablemente te desvían del tema del que estabas hablando...



 ...¿por dónde iba?

16.1.12

Luz

El otro día, he de reconocer, estuve mirándote. No como te miran los demás, las personas que pasan o las que pasean. Ni como te miran tu madre o tu hermano.Yo te miraba desde un ángulo que abarca el cielo entero. Desde una acepción de la palabra mirar que sólo existe en nuestro idioma. Y es que no creas que yo la entiendo, esta forma de observarte, pero mis ojos eran mensajeros de la cosa más bonita de este mundo. Los poetas sentían envidia por no estar tras ellos, y me apena que no fuera así, pues te habrían escrito los versos preciosos que te mereces, y que yo sería incapaz de darte. Desprendías tanta luz, y es que tenías al Sol entre tus manos. Porque no lo sabes, pero el Sol es sólo tuyo. Y cada uno de mis recuerdos, escalofríos, suspiros y lágrimas contenidas desearon con todas sus fuerzas




que lo compartieras conmigo.

14.1.12

Invierno

La plaza estaba especialmente bonita. No la había visto ningún invierno antes, era su primero en la ciudad. Desde un banco se puso a escribir, entre dos árboles cuyas ramas caían sobre la estatua de la fuente como intentando alcanzarla, y los cuerpos en piedra parecían mirar sus hojas. La plaza estaba realmente preciosa. El verde de los pinos, la piedra amarillenta de la fuente, el marrón oscuro de la madera de los bancos, salpicada la paleta de invierno por las flores fucsias y anaranjadas. Los edificios alrededor y las tiendas de antigüedades abrazaban la plaza como protegiéndola de la ciudad. Hasta los paseantes iban a conjunto con sus colores. Todo en aquel lugar tranquilizaba los corazones, ralentizaba el aliento e invitaba a sonreír.
Desde el banco se puso a escribir, con los cascos puestos, como siempre. Entre canción y canción escuchaba las risas de los niños que parloteaban en unos columpios más allá. Era agradable, pensó. Se divertía así, preguntándose si la gente que pasaba se fijaría en ella. Preguntándose si entre todos ellos habría alguien que se acercara a ella con curiosidad, y se inclinara sobre la libreta azul entre sus manos para ver lo que estaba escrito. Se preguntaba si entre los paseantes de la plaza habría alguno, uno solo que la acompañase, que se sentara junto a ella y mirara a su alrededor, y que sus ojos salpicaran amor por la luz y en su sonrisa se pudiera leer la belleza de todas las cosas. Que olvidara el tiempo y el mundo igual que lo había olvidado ella. Que no saliera nada de su boca. Sólo que la mirase a los ojos, la cogiese de las manos y las pusiera entre las suyas. Y que al notar el frío de sus dedos no marchase, si no que las apretara más fuerte. Que no le importara el viento helado y notara temblar sus brazos y rodillas. Se preguntaba si alguien se sentaría con ella a pesar del frío.




Si alguien se quedaría con ella hasta que el sol durmiera.