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22.11.11

Si fueras mío

Te miro todo el tiempo y no pienso en nada. Si te pierdo te busco con la mirada. Y es sólo cuando no puedo verte que es cuando más te veo. Quién fuera prisionera de tus brazos...
Si para tenerte tuviera que esperar a que un mar se convirtiera en desierto, esperaría. Esperaré a que cada estrella se apague si al final puedo tenerte un momento, y si quieres, juntos repoblaremos el cielo con farolillos de colores. Cree en mí si te digo que no lloro por no tenerte, sino por no saber si algún día te tendré. Y no lloro por saber que seríamos felices, sino por pensar que tú igual no lo sepas. Por saber que siempre me he enamorado demasiado y demasiado mal, pero que hasta ahora nadie me había hecho sentir así. Me despierto imaginando que despiertas a mi lado, me acuesto con lo mismo. Y esta idea tan boba no sé si es viento en contra o a favor. Qué pensaría cualquiera si le dijese esto, que estoy perdiendo la cabeza por alguien que apenas conozco. Y es que tan grande es lo que tengo que, llámame loca, pero no estoy equivocada, esto no es un amor pasajero. Cómo puedo saberlo, no lo sé, pero es así. Qué idiota hace falta ser para echar de menos algo que no has tenido ni en tus mejores sueños. Vivo por lo mismo que me mata, preguntándome si anhelas mis labios igual que yo anhelo los tuyos. Y joder, algo me dice que estoy en lo cierto, porque mírame, yo, la que duda de todo hasta el desgaste, la que a la mínima se derrumba, que soy capaz de volar fortalezas con la cosa más diminuta. Sigo siendo esa, pero basta que me aguantes la mirada dos segundos para que no vuelva a dudar de ti. Y es que cogería cada parte de tu cuerpo, tus ojos, tu boca, tu sonrisa, tus manos y les haría una canción a cada una. Y a ti, a ti te haría un collar de besos. Y me pregunto aunque creo saber, qué será lo que pienses de mí. Si me piensas tanto como yo a ti, o si vivo sola en una fantasía que ni te imaginas. Que se me encoje el corazón cuando me hablas. Que te juro que sólo imaginarte sonriéndome es suficiente para empañar mis ojos y ponerme una sonrisa. Y que te diría mil cosas si no tuviera este miedo tan profundo de perder lo que ya tenemos. ¿Y si todo está en mi cabeza? No... lo que siento es tan fuerte que suspirando ahora haría florecer un campo de plantas marchitas.Y te diría mil cosas pero si hay algo que me queda es tiempo. Sólo dime que un día cogerás mi mano y daremos cien mil vueltas al Sol, y te esperaré sin derramar una sola lágrima.


Si te tuviera te abriría mi corazón y podrías hacer lo que quisieras con él. Si te tuviera, correría hacia ti cada mañana al verte de lejos y te abrazaría por la espalda. Besaría tus mejillas y el borde de tus labios con cuidado y tus hombros y tus rodillas y la punta de tu barbilla y cada recoveco de tu cuerpo. Veríamos películas abrazados en el sofá con una manta y palomitas, apoyaría la cabeza en tu hombro si viajáramos y te dejaría apoyar la tuya en el mío si tuvieras sueño. Pasearía mis dedos por toda tu espalda y compartiríamos hasta el detalle más insignificante de nuestro día. Pasaríamos horas escuchando discos juntos y hablando de cosas estúpidas a las tantas de la noche hasta que uno de los dos se quedara dormido. Nos perderíamos por la ciudad y llegaríamos a algún lugar especial.Te cantaría siempre y te daría tu espacio si así lo quisieras. Te hablaría toda la vida hasta caer dormida en tus brazos. Cogería tu mano bajo el agua. 



Te querría hasta que me pidieras lo contrario.

10.11.11

Absurdo

-Creo que la vida es un invento por perfeccionar. Día a día sólo logro concebir un pensamiento en mi cabeza: ¿estamos locos? Y es que veo al hombre cómo actúa sin ser actor, cómo miente sin ser poeta. Y parece estar en paz consigo mismo aun siendo consciente del dolor que causa en los demás. Preguntar "por qué" se ha convertido en pura retórica en todos los casos, ya no encuentro respuestas a nada. El agua que creía cristalina ha resultado ser un opaco en el que es imposible ver el fondo. 
Ahora más que nunca quiero elevarme de la tierra porque los sentidos ya no me aseguran que las sensaciones sean ciertas. Huyo de mi piel, camino hacia mi mente. Necesito dejar atrás pero algo me lo impide: esta curiosidad innata que me ata al explorar. ¿Qué les lleva a ser así? ¿Cómo ha podido el hombre descubrir por qué brillan las estrellas pero no vivir al compás con los demás hombres? ¿Qué pretenden, qué creen? dime, ¿es que no sienten igual que yo? ¿Es posible sentirse perdido en una ciudad donde apenas se ve el cielo? ¿Sentirse solo en un mundo rebosante de vida?
Las pocas verdades que creía seguras se han derrumbado ante mis ojos, y he llegado a un punto de no retorno, en el que el mapa de mi vida es todo mar abierto, cuando las manos de las que caminaba me golpean y las bocas que me sonreían cuchichean a mi espalda.
Dime, ¿qué voy a hacer ahora?



-Dejar brotar las palabras y cuando marchiten recogerlas.

24.10.11

Jaque mate

Conforme pasan los días, las formas definen sus límites originales. Todo vuelve a estar en orden en tu cabeza. Apenas queda dolor ya, ni pena alguna. Al fin puedo ver con más o menos claridad. Es el decir, no habrá más ojos empañados por estos lares. Es el saber que todo lo que sentía por ti permanece en un estado ingrávido, en alguna parte entre el cero y el cero con uno, el estar segura de que así se va a quedar. Arrepentirse es bien inútil, pero entiende que no compensa. Que por muchos buenos tiempos que hayamos pasado, el fin justifica los medios, y no, no me vale la pena. Qué importa el contenido si el desenlace no va al compás. Un buen final implica unos buenos medios, y el nuestro no fue del caso. Fue un final decisivo, como si un vaso de agua cae de pronto, sin fuerza aparente que lo mueva, sobre una hoja de papel donde teníamos todo escrito. Sólo bastaron segundos para que el agua lo borrara todo. Y el agua levemente teñida resbaló por el borde de la mesa hasta alcanzar el suelo. ¿Cuánto pasa hasta que se evapora este agua, y se pierde su pista por completo? Quién sabe. Depende de tantas cosas. Hay veces que marchará antes, otras tardará más. Y quizás, y sólo quizás, para que desaparezca alguien tendrá que resbalarse en el charco. Pues bien, el agua que tú dejaste caer sobre mí me inundó entera, no lentamente sino de una vez, sin apenas dejarme coger un aliento antes de que me sumergiera hasta el fondo. Sin embargo al lograr salir a la superficie, cada lágrima se quedó camuflada para siempre en aquel pequeño mar. Me las quitaste todas, hazte un collar si quieres. 
Te he de decir ahora, no queda rastro de líquido alguno que perturbe ya ni mi psique ni mi cuerpo. 


Quería un jaque mate, un final digno, pero no esto. Ahora entiendo el abúlico gesto que te hacía huír de mí los últimos días cual rata escurridiza. Me pido perdón a mí misma por confiar, por esperar que entre los dos se discutirían los problemas si hubieran surgido, que se expondrían con calma y claridad en el sentido más despejado. Comunicación y esas cosas, vaya. Me pido pues, perdón a mi misma. Porque no sé quién o qué cosa estaba tras mis ojos mirándote, no era yo. 
Todas las preguntas que me formulé, muestras de que nunca te he llegado a conocer. Sólo veía tu parte más externa, tenues pinceladas. Pero tú en tu ser absoluto, permaneciste oculto todo este tiempo bajo un disfraz que se me antoja ahora tan burlesco como lo que realmente eres. 
Nunca fuiste mío, pero yo fui tuya en todo momento. Te pensaba la mitad del tiempo y te sufría el resto. No hace mucho escribí sobre ti: "Soy una montaña rusa que ha descarrilado y ya no sigue el recorrido. Contigo era eso:  a veces mejor, otras peor. Tu carácter dejaba mucho que desear. Eras raro, distante, pero cariñoso y romántico, y poco detallista, y normalmente no te dabas cuenta de las cosas, pero yo sabía que era tu forma de ser y no me preocupaba pues no lo hacías a propósito. Un día te lo dije, que no había un sólo tú, sino muchos. Cada día uno. Eras un sí y un no, casi nada y casi todo, nunca siempre y nada seguro. Y pasa lo que pasa, que todo cambia porque todo se mueve, y que a más ilusiones mayor es la caída." 


Te quise en todas tus contradicciones. Esquivando cada uno de tus fallos, te quise. No fuiste ni de lejos el mejor, tampoco hacía falta, porque el amor aparte de ciego es sordo, mudo y tetrapléjico. Dijimos amarnos, me autoconvencí de que así era, pero ahora sé, no estábamos sino sintiendo la idea que se tiene del amor. El concepto generalizado que nos graban en el cerebro como se marcan a las vacas. No es amor querer a una persona. No es amor desear estar con él en cualquier momento, chasquear los dedos y que aparezca abrazándote por la cintura. No son amor el sexo y el deseo. No es amor ir cogidos de la mano por la calle. No son amor las palabras bonitas ni las caricias en la cara. No es amor el beso en el cuello, ni en la frente. No es amor girar entorno a la vida del otro. No es amor basar tu felicidad en la suya. Repito que no es amor querer a una persona. No es amor nada de eso, no te engañes. Y te aseguro, que me gustaría venir y decirte la verdad, lo que en el fondo esconde esta palabra. Pero no lo sé. Todavía. Y llámame romántica, novelera, llámame lo que te salga, pero lo único que tengo claro sobre el amor es que su final reside en la propia tumba. Sino acaba ahí, no es amar sino que es querer. 


Lo nuestro fue un querer, que ocupó todo un verano.


Fue mas bien un obstáculo. Así lo creo pero, los obstáculos, se acaban por saltar y se dejan atrás. Y mira, la carrera continúa. Igual que dejamos atrás las palabras brujas, y las palabras todas. Ni aquellos "te quiero, te adoro, te amo muchísimo", ni siquiera el "me gustaría parar el mundo y quedarme aquí contigo para siempre", nada de eso o los susurros más bellos que me dedicaras podrían pagar tu silencio de hoy. Una vez quise que me explicaras cómo ocurrió esto de pasar del más preciado verbo al mutismo limpio, pero no hay que tener gran talento para reconocer que la palabrería se mueve por el terreno, y el pico está a la orden del día. Igualmente me he debido de acostumbrar a la ausencia de tu voz, no tengo ni el mínimo anhelo de ella ni escucha que dedicarle.


Al igual que la palabra amor, he de decirte que el odio está sobrevalorado. Mira, nunca he odiado (ni amado), ya que a pesar de mi expectación hacia los extremos en esta vida, pienso que son repugnantes. Así pues, perdonar es la clave para avanzar, primero como individuo y luego como todo lo demás. Siempre, siempre lo he tenido claro. Perdonar, como dije, no es olvidar ni mucho menos, es mover ficha. 


Sólo quiero que sepas que no te conozco, no sé quien eres, en qué te has convertido o quién fingiste ser. Y que, si esto es a lo que llaman amor, 



no me interesa.


6.10.11

El primer amor

De todos los tipos de amor, el primero es el más especial. No porque sea más intenso ni más importante, no. Cuando amas por primera vez, es cuando lo das todo de ti. La persona lo recibe todo. Estás completo, y lo demuestras. Es por la inocencia de pensar que va a ser para siempre.
Pase lo que pase, una parte de ti se quedará con el primero al que amaste, y ninguno de los que vengan después podrá tener esa pieza que te falta. Esa pieza lleva la amistad, la confianza, el miedo a perderlo, el esfuerzo, el intentarlo todo, el error, un beso que nunca olvidarás, un momento bajo las estrellas que en la vida va a volver. Lleva consigo la juventud y la amargura y fastidio de todas tus esperanzas rotas en pedacitos, pisoteadas por aquella persona que siempre querrás, al fin y al cabo. Era la idea errónea que tenías del amor, de lo que podía llegar a pasar pero nunca pasó. La inocencia que te pasó factura, porque desde pequeños crecemos con la idea del príncipe y la princesa, ese empalagoso romanticismo de película. Creer que es posible. Un final feliz: y vivieron felices para siempre, siempre jamás, hasta el último de los días. ¿Pero quién advierte a la princesa de que hay letra pequeña? ¿De que el príncipe no cree en finales felices, sino sólo en finales? Quién le dirá que nada existe, que todo son ilusiones. Nadie, no se atreven a empañar los ojos de la dueña de un corazón tan frágil. Lo que no saben es que, el frío tiempo dejará su marca helada sobre los corazones, endureciéndolos, agrietándolos, pero nunca nunca jamás se romperán.
Lo único que te queda es esperar, que pase la vida y que traiga un momento en que recuerdes a aquel primer amor con una sonrisa, melancólica, sí, pero sonrisa de todas formas. Darte cuenta entonces de que sólo quedan esbozos, imágenes tardías y borrosas de lo que una vez fue todo. Un recuerdo más. Un simple recuerdo más.



Que príncipe es un término sobrevalorado. Hay muchos lobos debajo de la capa azul.

5.10.11

Malquerer

A menudo me he creído incapaz de odiar. Sin embargo creo que he odiado. Mi odio, o lo que sea, es pasajero, fugaz más o menos. No es que no odie, es que no odio como los demás. Me han jodido, me han jodido bien, y aun así puedo perdonar. A menudo dices, si me hacen esto o lo otro, sería incapaz de perdonarlo. Eso dices hasta que te pasa de verdad, y la visión cambia. Entonces no estás vacío, tienes cosas dentro, muchas, sentimientos, dicen. El caso es que no piensas igual que antes. Lo sientes en tu piel. Sientes como te traspasa, se te inyecta en las venas, se disuelve y te recorre el cuerpo arañándote la sangre. Y donde una vez te invadió lo que llaman odio, te invade esto otro. Se apodera de ti y todo lo que pensabas desaparece como si alguien hubiera apretado el botón de borrar, y sobreescribir. ¿Eres tú? Sí. ¿De verdad crees que odiar es malo? ¿Que perdonar es lo correcto? ¿O es que desde siempre te lo han hecho creer así? Que odiar sea lo fácil no significa que sea lo malo. Me apetece a veces dejarlo, olvidarlo, no intentar razonar y odiar sin más, con todas mis fuerzas. Insultar, fijar todo mi desprecio en el mismo objetivo. Pero para qué. Perdonar no es olvidar, ni comprender ni sentir compasión. Perdonar es el otro camino. Ni más ni menos correcto, quizás sí más largo. Depende. Es abrir el lugar donde guardabas todo el amor (porque sí, lo hubo), y ver si queda algo. Siempre lo habrá. Coger ese algo, entonces, entre tus manos, aspirarlo y dejar que te traspase, que te recorra la piel por dentro, dejarlo fluir. Forma parte de ti ahora. Eres tú, sí. Quién lo diría.
El problema es que el odio no es odio. El odio son heridas, venganza y destrucción. Por eso está mal visto. Si fuera sólo odio... pero no lo es. 
Mientras que perdonar es demasiado arriesgado. La línea del límite está ahí. Y no hay nada que te asegure que no la traspasarás. 

Bueno, ya qué más da: Te odio, sí, eres un retrasado, ojalá te arranquen los huevos de un bocado.