que lo compartieras conmigo.
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16.1.12
Luz
El otro día, he de reconocer, estuve mirándote. No como te miran los demás, las personas que pasan o las que pasean. Ni como te miran tu madre o tu hermano.Yo te miraba desde un ángulo que abarca el cielo entero. Desde una acepción de la palabra mirar que sólo existe en nuestro idioma. Y es que no creas que yo la entiendo, esta forma de observarte, pero mis ojos eran mensajeros de la cosa más bonita de este mundo. Los poetas sentían envidia por no estar tras ellos, y me apena que no fuera así, pues te habrían escrito los versos preciosos que te mereces, y que yo sería incapaz de darte. Desprendías tanta luz, y es que tenías al Sol entre tus manos. Porque no lo sabes, pero el Sol es sólo tuyo. Y cada uno de mis recuerdos, escalofríos, suspiros y lágrimas contenidas desearon con todas sus fuerzas
5.12.11
Infinito
Se levantó por la noche. Por alguna razón extraña, como por una fuerza diminuta y poderosa abrió los ojos de repente. Y con el aleteo de sus pestañas cien mariposas echaron a volar en alguna parte. Pero eso ella no lo sabía todavía. Abrió los ojos de repente, estaba tendida boca arriba en la cama y las imágenes del sueño la bombardearon como dulces pellizcos en el antebrazo. Una jungla de noche, yacía recogida entre matorrales y ramas en una isla levemente iluminada por la luna. Miraba fijamente los dedos de su pie descalzo, con una expresión suave y relajada. Su cuerpo quebradizo se doblaba bajo un vestido de gasa gris, las gotas de rocío paseaban temblorosas. Un león se acercó en dos pasos por su espalda e indiferente escuchó cómo le susurraba en la nuca que todo era una trampa.
Se levantó por la noche. Posó los pies descalzos en el frío parqué. Tenía que hacer algo, pero no recordaba el qué. No debía ser importante, pensó. Veinte segundos, calculó. Veinte segundos los que tardó Serge en pasar por su mente. Otras mañanas apenas abiertos los ojos, él ya estaba ahí. 'Monopolizas cada uno de mis pensamientos', le dijo un día, y provocó esa media sonrisa de las cosas inesperadas y un tierno rubor en su rostro. Vivía de recuerdos, imaginaba a Serge una vez y otra. No podía evitarlo, por ello hasta veinte segundos le parecieron mucho. Se quitó el camisón y lo dejó apoyado en la silla del tocador, mientras se sentaba frente al espejo y sujetaba un moño improvisado con una goma azul. Permaneció ahí, inmóvil ante la imagen que le devolvía el cristal. Qué ojos tan cansados, qué labios tan tristes. Y qué sólos.
Hay veces en la vida que te das cuenta de que eres algo eterno. Hay momentos, como cuando te levantas por la noche y en la oscuridad de la habitación sientes el frío del suelo en tus pies descalzos, y te concentras sin querer en los sonidos que vienen de la calle, y de la habitación, hasta que sólo oyes los de tu propio cuerpo, o como cuando caminas y ves más allá de las personas que se cruzan, incluso más allá de los tejados y del cielo. Hay momentos en que te das cuenta de que eres eterno cuando miras en los ojos de alguien,
sientes que teniendo a esa persona jamás podrías morir.
22.11.11
Si fueras mío
Te miro todo el tiempo y no pienso en nada. Si te pierdo te busco con la mirada. Y es sólo cuando no puedo verte que es cuando más te veo. Quién fuera prisionera de tus brazos...
Si para tenerte tuviera que esperar a que un mar se convirtiera en desierto, esperaría. Esperaré a que cada estrella se apague si al final puedo tenerte un momento, y si quieres, juntos repoblaremos el cielo con farolillos de colores. Cree en mí si te digo que no lloro por no tenerte, sino por no saber si algún día te tendré. Y no lloro por saber que seríamos felices, sino por pensar que tú igual no lo sepas. Por saber que siempre me he enamorado demasiado y demasiado mal, pero que hasta ahora nadie me había hecho sentir así. Me despierto imaginando que despiertas a mi lado, me acuesto con lo mismo. Y esta idea tan boba no sé si es viento en contra o a favor. Qué pensaría cualquiera si le dijese esto, que estoy perdiendo la cabeza por alguien que apenas conozco. Y es que tan grande es lo que tengo que, llámame loca, pero no estoy equivocada, esto no es un amor pasajero. Cómo puedo saberlo, no lo sé, pero es así. Qué idiota hace falta ser para echar de menos algo que no has tenido ni en tus mejores sueños. Vivo por lo mismo que me mata, preguntándome si anhelas mis labios igual que yo anhelo los tuyos. Y joder, algo me dice que estoy en lo cierto, porque mírame, yo, la que duda de todo hasta el desgaste, la que a la mínima se derrumba, que soy capaz de volar fortalezas con la cosa más diminuta. Sigo siendo esa, pero basta que me aguantes la mirada dos segundos para que no vuelva a dudar de ti. Y es que cogería cada parte de tu cuerpo, tus ojos, tu boca, tu sonrisa, tus manos y les haría una canción a cada una. Y a ti, a ti te haría un collar de besos. Y me pregunto aunque creo saber, qué será lo que pienses de mí. Si me piensas tanto como yo a ti, o si vivo sola en una fantasía que ni te imaginas. Que se me encoje el corazón cuando me hablas. Que te juro que sólo imaginarte sonriéndome es suficiente para empañar mis ojos y ponerme una sonrisa. Y que te diría mil cosas si no tuviera este miedo tan profundo de perder lo que ya tenemos. ¿Y si todo está en mi cabeza? No... lo que siento es tan fuerte que suspirando ahora haría florecer un campo de plantas marchitas.Y te diría mil cosas pero si hay algo que me queda es tiempo. Sólo dime que un día cogerás mi mano y daremos cien mil vueltas al Sol, y te esperaré sin derramar una sola lágrima.
Si te tuviera te abriría mi corazón y podrías hacer lo que quisieras con él. Si te tuviera, correría hacia ti cada mañana al verte de lejos y te abrazaría por la espalda. Besaría tus mejillas y el borde de tus labios con cuidado y tus hombros y tus rodillas y la punta de tu barbilla y cada recoveco de tu cuerpo. Veríamos películas abrazados en el sofá con una manta y palomitas, apoyaría la cabeza en tu hombro si viajáramos y te dejaría apoyar la tuya en el mío si tuvieras sueño. Pasearía mis dedos por toda tu espalda y compartiríamos hasta el detalle más insignificante de nuestro día. Pasaríamos horas escuchando discos juntos y hablando de cosas estúpidas a las tantas de la noche hasta que uno de los dos se quedara dormido. Nos perderíamos por la ciudad y llegaríamos a algún lugar especial.Te cantaría siempre y te daría tu espacio si así lo quisieras. Te hablaría toda la vida hasta caer dormida en tus brazos. Cogería tu mano bajo el agua.
Si para tenerte tuviera que esperar a que un mar se convirtiera en desierto, esperaría. Esperaré a que cada estrella se apague si al final puedo tenerte un momento, y si quieres, juntos repoblaremos el cielo con farolillos de colores. Cree en mí si te digo que no lloro por no tenerte, sino por no saber si algún día te tendré. Y no lloro por saber que seríamos felices, sino por pensar que tú igual no lo sepas. Por saber que siempre me he enamorado demasiado y demasiado mal, pero que hasta ahora nadie me había hecho sentir así. Me despierto imaginando que despiertas a mi lado, me acuesto con lo mismo. Y esta idea tan boba no sé si es viento en contra o a favor. Qué pensaría cualquiera si le dijese esto, que estoy perdiendo la cabeza por alguien que apenas conozco. Y es que tan grande es lo que tengo que, llámame loca, pero no estoy equivocada, esto no es un amor pasajero. Cómo puedo saberlo, no lo sé, pero es así. Qué idiota hace falta ser para echar de menos algo que no has tenido ni en tus mejores sueños. Vivo por lo mismo que me mata, preguntándome si anhelas mis labios igual que yo anhelo los tuyos. Y joder, algo me dice que estoy en lo cierto, porque mírame, yo, la que duda de todo hasta el desgaste, la que a la mínima se derrumba, que soy capaz de volar fortalezas con la cosa más diminuta. Sigo siendo esa, pero basta que me aguantes la mirada dos segundos para que no vuelva a dudar de ti. Y es que cogería cada parte de tu cuerpo, tus ojos, tu boca, tu sonrisa, tus manos y les haría una canción a cada una. Y a ti, a ti te haría un collar de besos. Y me pregunto aunque creo saber, qué será lo que pienses de mí. Si me piensas tanto como yo a ti, o si vivo sola en una fantasía que ni te imaginas. Que se me encoje el corazón cuando me hablas. Que te juro que sólo imaginarte sonriéndome es suficiente para empañar mis ojos y ponerme una sonrisa. Y que te diría mil cosas si no tuviera este miedo tan profundo de perder lo que ya tenemos. ¿Y si todo está en mi cabeza? No... lo que siento es tan fuerte que suspirando ahora haría florecer un campo de plantas marchitas.Y te diría mil cosas pero si hay algo que me queda es tiempo. Sólo dime que un día cogerás mi mano y daremos cien mil vueltas al Sol, y te esperaré sin derramar una sola lágrima.
Si te tuviera te abriría mi corazón y podrías hacer lo que quisieras con él. Si te tuviera, correría hacia ti cada mañana al verte de lejos y te abrazaría por la espalda. Besaría tus mejillas y el borde de tus labios con cuidado y tus hombros y tus rodillas y la punta de tu barbilla y cada recoveco de tu cuerpo. Veríamos películas abrazados en el sofá con una manta y palomitas, apoyaría la cabeza en tu hombro si viajáramos y te dejaría apoyar la tuya en el mío si tuvieras sueño. Pasearía mis dedos por toda tu espalda y compartiríamos hasta el detalle más insignificante de nuestro día. Pasaríamos horas escuchando discos juntos y hablando de cosas estúpidas a las tantas de la noche hasta que uno de los dos se quedara dormido. Nos perderíamos por la ciudad y llegaríamos a algún lugar especial.Te cantaría siempre y te daría tu espacio si así lo quisieras. Te hablaría toda la vida hasta caer dormida en tus brazos. Cogería tu mano bajo el agua.
Te querría hasta que me pidieras lo contrario.
14.11.11
Arizona
La carretera se extiende allá hasta donde las paralelas se encuentran, surcando las Grandes Llanuras de Norte a Sur. El vasto paraje de tierra arcillosa es cuna desierta en un horno de primavera. Bajo el cielo despejado el viejo Ford mira la carretera como con ansias de arrasarla. Apoyado sobre el trasto, con actitud chulesca, me miras. Y medio sonríes. Me acerco y sin apartar las miradas me tomas con tus manos. Frente a frente, recuerdo al hundirme en tus pupilas de vino y me duele pensar que haya un solo momento que no pueda contemplarlas. Al pasar mis dedos por la comisura de tus labios me acuerdo que si duermo cada noche es solamente por la esperanza de encontrarte en mi sueño.
Tus ojos, más dulces que una noche de verano, me piden en el clamor más bello que nunca te deje marchar. Me agarras con firmeza atrapándome en tus brazos, y me oprimes contra tu pecho teniéndome por la última vez, en un grito mudo suplicando abrazarme de por vida.
Se hunde tu mano agrietada en mi pelo, donde caen y se pierden tus lágrimas. Tu piel y tus caricias me dicen lo que tus labios silencian, y tus ojos arrepentidos no creen merecer el amor de los míos. Aquellas veces que hemos llorado en la soledad de nuestras palabras, convalecientes de un amor insano, quedan tan lejos como el mar.
Más que intuir tenemos por seguro que una vez entremos al coche nada será lo mismo. Tomarás el volante y apoyando el brazo en el marco de la ventana vigilarás al horizonte a través del polvo del cristal. Entretanto yo te observaré en el reflejo de mi ventana cuando creas que estoy dormida, en un esfuerzo inútil de pensarte como un desconocido, como con ojos nuevos que ven por vez primera. Pero sólo el reflejo de la mañana en la vuelta de cada uno de tus rizos peinados por el viento es suficiente para devolverme en un instante junto a ti.
Somos dos almas vagabundas en el laberinto estelar, unidos en uno solo, te dedico el último viaje, el último baile. El tiempo circula por otra carretera, conducimos en dirección contraria al mundo. Los paisajes se suceden como escenarios remotos, en continuo cambio como en obras inacabadas, mientras los ojos se entornan y cierran una vez rindiéndose al sueño. Nuestro guía el sol, su relevo la luna, este será nuestro último viaje,
Tus ojos, más dulces que una noche de verano, me piden en el clamor más bello que nunca te deje marchar. Me agarras con firmeza atrapándome en tus brazos, y me oprimes contra tu pecho teniéndome por la última vez, en un grito mudo suplicando abrazarme de por vida.
Se hunde tu mano agrietada en mi pelo, donde caen y se pierden tus lágrimas. Tu piel y tus caricias me dicen lo que tus labios silencian, y tus ojos arrepentidos no creen merecer el amor de los míos. Aquellas veces que hemos llorado en la soledad de nuestras palabras, convalecientes de un amor insano, quedan tan lejos como el mar.
Más que intuir tenemos por seguro que una vez entremos al coche nada será lo mismo. Tomarás el volante y apoyando el brazo en el marco de la ventana vigilarás al horizonte a través del polvo del cristal. Entretanto yo te observaré en el reflejo de mi ventana cuando creas que estoy dormida, en un esfuerzo inútil de pensarte como un desconocido, como con ojos nuevos que ven por vez primera. Pero sólo el reflejo de la mañana en la vuelta de cada uno de tus rizos peinados por el viento es suficiente para devolverme en un instante junto a ti.
Somos dos almas vagabundas en el laberinto estelar, unidos en uno solo, te dedico el último viaje, el último baile. El tiempo circula por otra carretera, conducimos en dirección contraria al mundo. Los paisajes se suceden como escenarios remotos, en continuo cambio como en obras inacabadas, mientras los ojos se entornan y cierran una vez rindiéndose al sueño. Nuestro guía el sol, su relevo la luna, este será nuestro último viaje,
nuestro último baile juntos.
2.11.11
Noviembre
Miles han sido los que han pisado el suelo que pisas, miles las hojas que lo han cubierto otoño tras otoño. Pero hoy, sobre la crujiente pasarela cobriza, sólo tú caminas. Los árboles desnudos se estiran y curvan hacia tí, preguntándote si has visto sus pétalos en alguno de tus viajes. Tu rostro escondido tras la bufanda deja entrever cierto encanto nostálgico hacia aquel lugar. Vagos recuerdos, imágenes trasnochadas de largos paseos por la alameda. De cómo ella solía cogerte la mano para calentarla en su bolsillo. De cómo tus ojos sonríen al recordarlo. Ay, quién pudiera guardar un momento en la palma de la mano, piensas.
Mucho tiempo alimentándote sólo de recuerdos ha concluido en níveos cabellos y demasiada delgadez. Tantas habitaciones de hotel de cuántas ciudades distintas, y ni todo el mundo es suficiente para hacerte olvidar. Centenares de miradas de toda forma y color, y ninguna se cruzó del mismo modo que aquellos iris azulados. Sabes bien cuando decidiste darte por vencido, dejar de intentar arrinconar un corazón que siempre había estado tan presente en cada movimiento. Caminando al ritmo de sus latidos, aun a miles de kilómetros, supiste años después que jamás te distanciarías de él. Y que la única opción que te quedaba era la resignación.
Quién te habría dicho, que incluso cuando no pudiste evocar su rostro en tu mente, cuando el calor de su cuerpo marchó junto al aire y toda ella era mera ilusión, que llegarías a cuestionarte si vives en una utopía imposible. Quién te habría dicho...
Mucho tiempo alimentándote sólo de recuerdos ha concluido en níveos cabellos y demasiada delgadez. Tantas habitaciones de hotel de cuántas ciudades distintas, y ni todo el mundo es suficiente para hacerte olvidar. Centenares de miradas de toda forma y color, y ninguna se cruzó del mismo modo que aquellos iris azulados. Sabes bien cuando decidiste darte por vencido, dejar de intentar arrinconar un corazón que siempre había estado tan presente en cada movimiento. Caminando al ritmo de sus latidos, aun a miles de kilómetros, supiste años después que jamás te distanciarías de él. Y que la única opción que te quedaba era la resignación.
Quién te habría dicho, que incluso cuando no pudiste evocar su rostro en tu mente, cuando el calor de su cuerpo marchó junto al aire y toda ella era mera ilusión, que llegarías a cuestionarte si vives en una utopía imposible. Quién te habría dicho...
...que nunca nadie volvería a robar la soledad de tus bolsillos.
24.10.11
Jaque mate
Conforme pasan los días, las formas definen sus límites originales. Todo vuelve a estar en orden en tu cabeza. Apenas queda dolor ya, ni pena alguna. Al fin puedo ver con más o menos claridad. Es el decir, no habrá más ojos empañados por estos lares. Es el saber que todo lo que sentía por ti permanece en un estado ingrávido, en alguna parte entre el cero y el cero con uno, el estar segura de que así se va a quedar. Arrepentirse es bien inútil, pero entiende que no compensa. Que por muchos buenos tiempos que hayamos pasado, el fin justifica los medios, y no, no me vale la pena. Qué importa el contenido si el desenlace no va al compás. Un buen final implica unos buenos medios, y el nuestro no fue del caso. Fue un final decisivo, como si un vaso de agua cae de pronto, sin fuerza aparente que lo mueva, sobre una hoja de papel donde teníamos todo escrito. Sólo bastaron segundos para que el agua lo borrara todo. Y el agua levemente teñida resbaló por el borde de la mesa hasta alcanzar el suelo. ¿Cuánto pasa hasta que se evapora este agua, y se pierde su pista por completo? Quién sabe. Depende de tantas cosas. Hay veces que marchará antes, otras tardará más. Y quizás, y sólo quizás, para que desaparezca alguien tendrá que resbalarse en el charco. Pues bien, el agua que tú dejaste caer sobre mí me inundó entera, no lentamente sino de una vez, sin apenas dejarme coger un aliento antes de que me sumergiera hasta el fondo. Sin embargo al lograr salir a la superficie, cada lágrima se quedó camuflada para siempre en aquel pequeño mar. Me las quitaste todas, hazte un collar si quieres.
Te he de decir ahora, no queda rastro de líquido alguno que perturbe ya ni mi psique ni mi cuerpo.
Quería un jaque mate, un final digno, pero no esto. Ahora entiendo el abúlico gesto que te hacía huír de mí los últimos días cual rata escurridiza. Me pido perdón a mí misma por confiar, por esperar que entre los dos se discutirían los problemas si hubieran surgido, que se expondrían con calma y claridad en el sentido más despejado. Comunicación y esas cosas, vaya. Me pido pues, perdón a mi misma. Porque no sé quién o qué cosa estaba tras mis ojos mirándote, no era yo.
Todas las preguntas que me formulé, muestras de que nunca te he llegado a conocer. Sólo veía tu parte más externa, tenues pinceladas. Pero tú en tu ser absoluto, permaneciste oculto todo este tiempo bajo un disfraz que se me antoja ahora tan burlesco como lo que realmente eres.
Nunca fuiste mío, pero yo fui tuya en todo momento. Te pensaba la mitad del tiempo y te sufría el resto. No hace mucho escribí sobre ti: "Soy una montaña rusa que ha descarrilado y ya no sigue el recorrido. Contigo era eso: a veces mejor, otras peor. Tu carácter dejaba mucho que desear. Eras raro, distante, pero cariñoso y romántico, y poco detallista, y normalmente no te dabas cuenta de las cosas, pero yo sabía que era tu forma de ser y no me preocupaba pues no lo hacías a propósito. Un día te lo dije, que no había un sólo tú, sino muchos. Cada día uno. Eras un sí y un no, casi nada y casi todo, nunca siempre y nada seguro. Y pasa lo que pasa, que todo cambia porque todo se mueve, y que a más ilusiones mayor es la caída."
Te quise en todas tus contradicciones. Esquivando cada uno de tus fallos, te quise. No fuiste ni de lejos el mejor, tampoco hacía falta, porque el amor aparte de ciego es sordo, mudo y tetrapléjico. Dijimos amarnos, me autoconvencí de que así era, pero ahora sé, no estábamos sino sintiendo la idea que se tiene del amor. El concepto generalizado que nos graban en el cerebro como se marcan a las vacas. No es amor querer a una persona. No es amor desear estar con él en cualquier momento, chasquear los dedos y que aparezca abrazándote por la cintura. No son amor el sexo y el deseo. No es amor ir cogidos de la mano por la calle. No son amor las palabras bonitas ni las caricias en la cara. No es amor el beso en el cuello, ni en la frente. No es amor girar entorno a la vida del otro. No es amor basar tu felicidad en la suya. Repito que no es amor querer a una persona. No es amor nada de eso, no te engañes. Y te aseguro, que me gustaría venir y decirte la verdad, lo que en el fondo esconde esta palabra. Pero no lo sé. Todavía. Y llámame romántica, novelera, llámame lo que te salga, pero lo único que tengo claro sobre el amor es que su final reside en la propia tumba. Sino acaba ahí, no es amar sino que es querer.
Lo nuestro fue un querer, que ocupó todo un verano.
Fue mas bien un obstáculo. Así lo creo pero, los obstáculos, se acaban por saltar y se dejan atrás. Y mira, la carrera continúa. Igual que dejamos atrás las palabras brujas, y las palabras todas. Ni aquellos "te quiero, te adoro, te amo muchísimo", ni siquiera el "me gustaría parar el mundo y quedarme aquí contigo para siempre", nada de eso o los susurros más bellos que me dedicaras podrían pagar tu silencio de hoy. Una vez quise que me explicaras cómo ocurrió esto de pasar del más preciado verbo al mutismo limpio, pero no hay que tener gran talento para reconocer que la palabrería se mueve por el terreno, y el pico está a la orden del día. Igualmente me he debido de acostumbrar a la ausencia de tu voz, no tengo ni el mínimo anhelo de ella ni escucha que dedicarle.
Al igual que la palabra amor, he de decirte que el odio está sobrevalorado. Mira, nunca he odiado (ni amado), ya que a pesar de mi expectación hacia los extremos en esta vida, pienso que son repugnantes. Así pues, perdonar es la clave para avanzar, primero como individuo y luego como todo lo demás. Siempre, siempre lo he tenido claro. Perdonar, como dije, no es olvidar ni mucho menos, es mover ficha.
Sólo quiero que sepas que no te conozco, no sé quien eres, en qué te has convertido o quién fingiste ser. Y que, si esto es a lo que llaman amor,
Te he de decir ahora, no queda rastro de líquido alguno que perturbe ya ni mi psique ni mi cuerpo.
Quería un jaque mate, un final digno, pero no esto. Ahora entiendo el abúlico gesto que te hacía huír de mí los últimos días cual rata escurridiza. Me pido perdón a mí misma por confiar, por esperar que entre los dos se discutirían los problemas si hubieran surgido, que se expondrían con calma y claridad en el sentido más despejado. Comunicación y esas cosas, vaya. Me pido pues, perdón a mi misma. Porque no sé quién o qué cosa estaba tras mis ojos mirándote, no era yo.
Todas las preguntas que me formulé, muestras de que nunca te he llegado a conocer. Sólo veía tu parte más externa, tenues pinceladas. Pero tú en tu ser absoluto, permaneciste oculto todo este tiempo bajo un disfraz que se me antoja ahora tan burlesco como lo que realmente eres.
Nunca fuiste mío, pero yo fui tuya en todo momento. Te pensaba la mitad del tiempo y te sufría el resto. No hace mucho escribí sobre ti: "Soy una montaña rusa que ha descarrilado y ya no sigue el recorrido. Contigo era eso: a veces mejor, otras peor. Tu carácter dejaba mucho que desear. Eras raro, distante, pero cariñoso y romántico, y poco detallista, y normalmente no te dabas cuenta de las cosas, pero yo sabía que era tu forma de ser y no me preocupaba pues no lo hacías a propósito. Un día te lo dije, que no había un sólo tú, sino muchos. Cada día uno. Eras un sí y un no, casi nada y casi todo, nunca siempre y nada seguro. Y pasa lo que pasa, que todo cambia porque todo se mueve, y que a más ilusiones mayor es la caída."
Te quise en todas tus contradicciones. Esquivando cada uno de tus fallos, te quise. No fuiste ni de lejos el mejor, tampoco hacía falta, porque el amor aparte de ciego es sordo, mudo y tetrapléjico. Dijimos amarnos, me autoconvencí de que así era, pero ahora sé, no estábamos sino sintiendo la idea que se tiene del amor. El concepto generalizado que nos graban en el cerebro como se marcan a las vacas. No es amor querer a una persona. No es amor desear estar con él en cualquier momento, chasquear los dedos y que aparezca abrazándote por la cintura. No son amor el sexo y el deseo. No es amor ir cogidos de la mano por la calle. No son amor las palabras bonitas ni las caricias en la cara. No es amor el beso en el cuello, ni en la frente. No es amor girar entorno a la vida del otro. No es amor basar tu felicidad en la suya. Repito que no es amor querer a una persona. No es amor nada de eso, no te engañes. Y te aseguro, que me gustaría venir y decirte la verdad, lo que en el fondo esconde esta palabra. Pero no lo sé. Todavía. Y llámame romántica, novelera, llámame lo que te salga, pero lo único que tengo claro sobre el amor es que su final reside en la propia tumba. Sino acaba ahí, no es amar sino que es querer.
Lo nuestro fue un querer, que ocupó todo un verano.
Fue mas bien un obstáculo. Así lo creo pero, los obstáculos, se acaban por saltar y se dejan atrás. Y mira, la carrera continúa. Igual que dejamos atrás las palabras brujas, y las palabras todas. Ni aquellos "te quiero, te adoro, te amo muchísimo", ni siquiera el "me gustaría parar el mundo y quedarme aquí contigo para siempre", nada de eso o los susurros más bellos que me dedicaras podrían pagar tu silencio de hoy. Una vez quise que me explicaras cómo ocurrió esto de pasar del más preciado verbo al mutismo limpio, pero no hay que tener gran talento para reconocer que la palabrería se mueve por el terreno, y el pico está a la orden del día. Igualmente me he debido de acostumbrar a la ausencia de tu voz, no tengo ni el mínimo anhelo de ella ni escucha que dedicarle.
Al igual que la palabra amor, he de decirte que el odio está sobrevalorado. Mira, nunca he odiado (ni amado), ya que a pesar de mi expectación hacia los extremos en esta vida, pienso que son repugnantes. Así pues, perdonar es la clave para avanzar, primero como individuo y luego como todo lo demás. Siempre, siempre lo he tenido claro. Perdonar, como dije, no es olvidar ni mucho menos, es mover ficha.
Sólo quiero que sepas que no te conozco, no sé quien eres, en qué te has convertido o quién fingiste ser. Y que, si esto es a lo que llaman amor,
no me interesa.
13.10.11
Supernova
Imaginarnos. El atardecer, tan efímero como aquello que nos unirá, caerá en la urbanización sobre los ladrillos rojizos y bajo la diagonal de luz pintada en la fachada nos sentaremos tú y yo. Los bloques de pisos rodeados de calles de tendidos eléctricos, el sonido de algún perro y del paso de la tarde, cubrirán el lienzo celestial en un degradado de prusia a bermellón. Pasarán las nubes y se llevarán el silencio con ellas. Imaginarnos. Olvidarás la ciudad, no tendremos nada más allá de la nebulosa en nuestros dedos entrelazados. Y conforme nos elevemos hacia el cielo suburbano, te encontraré, y dejaré de imaginarte. Podrás dejar de imaginarme. Seremos ya polvo, estrellas extintas. Te encontraré, donde nunca se haga de noche. Reiremos...
...y lo único que necesitaré para vivir será respirar de tu risa.
6.10.11
El primer amor
De todos los tipos de amor, el primero es el más especial. No porque sea más intenso ni más importante, no. Cuando amas por primera vez, es cuando lo das todo de ti. La persona lo recibe todo. Estás completo, y lo demuestras. Es por la inocencia de pensar que va a ser para siempre.
Pase lo que pase, una parte de ti se quedará con el primero al que amaste, y ninguno de los que vengan después podrá tener esa pieza que te falta. Esa pieza lleva la amistad, la confianza, el miedo a perderlo, el esfuerzo, el intentarlo todo, el error, un beso que nunca olvidarás, un momento bajo las estrellas que en la vida va a volver. Lleva consigo la juventud y la amargura y fastidio de todas tus esperanzas rotas en pedacitos, pisoteadas por aquella persona que siempre querrás, al fin y al cabo. Era la idea errónea que tenías del amor, de lo que podía llegar a pasar pero nunca pasó. La inocencia que te pasó factura, porque desde pequeños crecemos con la idea del príncipe y la princesa, ese empalagoso romanticismo de película. Creer que es posible. Un final feliz: y vivieron felices para siempre, siempre jamás, hasta el último de los días. ¿Pero quién advierte a la princesa de que hay letra pequeña? ¿De que el príncipe no cree en finales felices, sino sólo en finales? Quién le dirá que nada existe, que todo son ilusiones. Nadie, no se atreven a empañar los ojos de la dueña de un corazón tan frágil. Lo que no saben es que, el frío tiempo dejará su marca helada sobre los corazones, endureciéndolos, agrietándolos, pero nunca nunca jamás se romperán.
Lo único que te queda es esperar, que pase la vida y que traiga un momento en que recuerdes a aquel primer amor con una sonrisa, melancólica, sí, pero sonrisa de todas formas. Darte cuenta entonces de que sólo quedan esbozos, imágenes tardías y borrosas de lo que una vez fue todo. Un recuerdo más. Un simple recuerdo más.
Pase lo que pase, una parte de ti se quedará con el primero al que amaste, y ninguno de los que vengan después podrá tener esa pieza que te falta. Esa pieza lleva la amistad, la confianza, el miedo a perderlo, el esfuerzo, el intentarlo todo, el error, un beso que nunca olvidarás, un momento bajo las estrellas que en la vida va a volver. Lleva consigo la juventud y la amargura y fastidio de todas tus esperanzas rotas en pedacitos, pisoteadas por aquella persona que siempre querrás, al fin y al cabo. Era la idea errónea que tenías del amor, de lo que podía llegar a pasar pero nunca pasó. La inocencia que te pasó factura, porque desde pequeños crecemos con la idea del príncipe y la princesa, ese empalagoso romanticismo de película. Creer que es posible. Un final feliz: y vivieron felices para siempre, siempre jamás, hasta el último de los días. ¿Pero quién advierte a la princesa de que hay letra pequeña? ¿De que el príncipe no cree en finales felices, sino sólo en finales? Quién le dirá que nada existe, que todo son ilusiones. Nadie, no se atreven a empañar los ojos de la dueña de un corazón tan frágil. Lo que no saben es que, el frío tiempo dejará su marca helada sobre los corazones, endureciéndolos, agrietándolos, pero nunca nunca jamás se romperán.
Lo único que te queda es esperar, que pase la vida y que traiga un momento en que recuerdes a aquel primer amor con una sonrisa, melancólica, sí, pero sonrisa de todas formas. Darte cuenta entonces de que sólo quedan esbozos, imágenes tardías y borrosas de lo que una vez fue todo. Un recuerdo más. Un simple recuerdo más.
Que príncipe es un término sobrevalorado. Hay muchos lobos debajo de la capa azul.
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